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Iberia

Volcanes con Café de “Guate”

A esta ciudad le va la marcha. Y no solo por los volcanes que la rodean, que de vez en cuando truenan. Caminando y dando traspiés sobre el empedrado se juntan señoras con vestidos de colores, turistas con ganas de conocer a fondo Guatemala y veinteañeros americanos dispuestos a aprender español y salir de farra.

Antigua, la ciudad guatemalteca que fue capital del país hasta el siglo XVIII, es una mezcla. Sucasco histórico, patrimonio mundial por la Unesco, es cuadriculado como el de Manhattan, así que no hay pérdida. Lo primero que hay que ver es la Plaza Central, donde se ubican la catedral, el palacio arzobispal, el palacio de los Capitanes Generales, el Ayuntamiento y el Portal de las Panaderas. Y con esto, ya habrá entendido mucho: que Antigua es una de las ciudades coloniales de Latinoamérica mejor conservadas. Le sorprenderá los colores de las fachadas, las piedras robustas de las casas, las ventanas con rejas de forja y las flores que alegran.

Tiene pinta de pueblo. Debido a los numerosos terremotos que la han asolado, está prohibido construir más de dos alturas. Si se quiere sentir pájaro, suba al Cerro de la Cruz. Luego, de nuevo al empedrado. La calle del Arco es una de las más famosas. De los más de 40 templos católicos que se construyeron, merece la pena visitar la Merced, Santa Catalina, Santa Clara, las Capuchinas y San Francisco. El convento de Santo Domingo es hoy un lujoso hotel y podrá fisgonear entre los jardines tropicales interiores, donde h

abitan pájaros exóticos. Entre visita y visita histórica, le dará tiempo de tomar un café, uno de los productos más típicos y ricos deGuatemala (o Guate, como la llaman sus habitantes). Cuando lo pruebe, el que compra en el supermercado le sabrá a rayos. Nada mejor que acompañar la bebida negra con un pastel de laDulcería de Doña María Gordillo, que elabora camotes, cañitas de leche y cocadas reales.

Los colores se van multiplicando en el mercado. Compre fruta para entrehoras y tome muchas fotos. Al lado está el mercado de artesanía, donde no podrá evitar dejarse los quetzales. Huy, un autobús amarillo como los de Estados Unidos. Vienen de aquel país, pero aquí son buses de línea y es toda una experiencia montarse en ellos. Atestados de gente, lo mismo va un campesino con pollos vivos que un guiri de pelo rubio y encantado con la improvisación. No sólo de arte del pasado vive Antigua. También acoge multitud de galerías, así que es una buena idea visitar alguna. La terraza del café Sky es perfecta para la puesta de sol. Se divisan los volcanes de Agua, Fuego y Acatenango.

Después de este espectáculo rosa y naranja, la cena trae otros colores: los de los tamales y los chiles en la Fonda de la Calle Real. La noche es igual de intensa de que el día. Hay salsa, música electrónica y gente dispuesta a conocer a todo el mundo. La fiesta puede seguir en afters o casas privadas con una fauna de lo más moderna. Antigua, en este sentido, no hace honor a su nombre.

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