Organización, Marketing y Montaje de Eventos Guatemala

Archivo para 12 junio, 2013

Postrimerías de la 43 Asamblea General de la OEA – La Antigua Guatemala –

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CorpoEventos‘s insight:

Según Guatecompras, el rubro que requirió más recursos fue el de “contratación de servicio de atención para el evento de celebración del 43 período de sesiones”, con Q1 millón 80 mil 865.

Ese rubro es para la contratación de las instalaciones donde se desarrolló la mayoría de actividades, concurso que ganó Promociones Turísticas Nacionales, S.A., cuyo nombre comercial es Casa Santo Domingo —único oferente—.Los servicios de ese lugar fueron contratados del 23 de mayo al 6 de junio.LogísticaEl segundo rubro que demandó más dinero fue el de servicio de alquiler de mobiliario y equipo de interpretación simultánea, con Q759 mil 167.95; en tercer puesto, el hospedaje para funcionarios y visitantes oficiales, con Q693 mil.Además, por medio millón de quetzales figura la adquisición de servidores, sistema de almacenamiento de red, gabinete para servidores, impresoras y escáner, y otro medio millón para la compra de equipo de comunicación y red.

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Feria E3 en los Angeles USA.

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CorpoEventos‘s insight:

La actividad, que finaliza mañana, reunió a miles de periodistas que interactuaron con los desarrolladores de cada videojuego.

Una de las novedades fue The Last of Us para PlayStation 3, el cual sale a la venta hoy. El título, inspirado en una historia de zombis, promete revolucionar la experiencia de los gamers, por las gráficas, la ambientación y la cinematografía. También causaron sensación las imágenes del simulador de automovilismo Gran Turismo 6, que Sony lanzará en los próximos meses.“La E3 es la mejor manera de mostrarle al mundo los nuevos juegos, porque se congrega gente de todo el mundo en un solo lugar. Esta convención nos motiva a comprometernos en terminar los títulos que anunciamos”, dijo Nate Fox, director del juego Infamous E, que se comercializará en el 2014 para PlayStation 4.En esta feria del entretenimiento, que se caracteriza por tener stands para experimentar en exclusiva juegos que aún no están a la venta, Prensa Libre pudo probar otros muy llamativos como Project Spark, para Xbox One, con el cual el usuario podrá crear un verdadero mundo de aventura.Uno de los juegos que más filas de personas provocó para probarlo fue Gran Turismo 6. “Está en desarrollo y para este proceso hemos vuelto a las bases, porque creemos que así dejaremos satisfechos a los seguidores”, expresó Kazunori Yamauchi, desarollador del videojuego.Otro tema que muchos comentaban era el lanzamiento, el lunes último, del PlayStation 4, que saldrá a la venta a finales del 2013, a un precio de US$399.

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CorpoEventos: ¿ Hace frío o calor ?

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Ref:  http://blogs.elpais.com/vano-oficio/2013/06/friocalor.html

 Hace unas semanas, recogí a mi hijo de diez años de la casa de su madre y lo llevé a mi casa. Le pregunté si tenía tarea y me dijo que sí, que debía terminar de leer un libro. Iba por el tercer capítulo y quería jugar un poco de Playstation antes de seguir leyéndolo. El libro -que sucedía en Venecia y tenía como protagonista a un violinista que se negaba a tocar a Mozart- no lo había enganchado. Decidí leerlo para ver si podía ayudarlo. Lo leí en poco tiempo, una lectura ligera para alguien acostumbrado a leer diariamente varias horas. Fui donde mi hijo y le comenté que había terminado de leer el libro. No me creyó. Insistí. Entonces decidió hacerme una prueba.
– Cuando la periodista llega a Venecia ¿hacía frío o hacía calor?Entonces me acordé de la gelatina de naranja con leche que hacía mi madre cuando era un niño. Era mi favorita. Un día mi padre trajo una colección de libros a mi casa y yo cogí uno. Era una lectura poco estimulante para un niño, la Autobiografía humorística de Mark Twain, pero lo escogí porque su carátula era del color del postre que tanto me gustaba. Mi carrera como lector empezó gracias a una sinestesia. Me acordé también de mi padre, que nunca fue un gran lector pero sí un extraordinario coleccionista. Coleccionaba todo lo que estuviese numerado y tuve la suerte de que por aquellos años aparecieran varias colecciones de libros. Grandes Bestsellers, Ariel juvenil y Ariel Universal, Literatura Peruana, Obras Maestras, todas las coleccionó y mi casa se llenó de libros, mientras que en la casa de mis amigos apenas si había una enciclopedia o folletos biográficos sobre los héroes de la Guerra del Pacífico. Mi padre los coleccionaba y yo los leía.Pero no era el único que los leía. También mi abuela sacaba uno por uno, guiándose por la numeración. Prefería aquellos que no superaban las cien páginas y que tenían viñetas. Antes de irse a dormir sacaba uno del librero y a la mañana siguiente lo devolvía, y así sucesivamente. Sentí una envidia instantánea de mi abuela que podía leer un libro al día y empecé una silenciosa competencia con ella. Luego de esforzarme mucho pude, finalmente, leer un libro al día. Una biografía de Napoleón de menos de cincuenta páginas. Mi alegría fue indescriptible.(Luego mi abuela me confesaría que no leía esos libros, solo veía las viñetas, pero para entonces yo era un lector en pleno vuelo).Me acordé de unos libros escritos por un sacerdote llamado Francisco Finn, una saga de niños que compartían un mismo salón de clase. Cada novela tenía el título de uno de los niños, un protagonista que en las demás novelas reaparecía como personaje secundario. Decidí contribuir con la obra de Francisco Finn y en un cuaderno de 150 páginas, rayado, que forré de azul, escribí mi primera novela: Diego Swan (sin saber que luego admiraría a un personaje también apellidado Swann, escrito por un tal Proust).Recordé las horas que dediqué en mi infancia y adolescencia a leer. Cada uno de los libros que pasaron por mis ojos. Los que leí, los que releí, los que no pude terminar de leer. La edición condensada de El Quijote que llevaba en el bolsillo de mi saco cuando salía a montar skate. Cuando me metía en la tina con un libro y me demoraba en salir, enfriado y tiritando, por estar inmerso en el agua y la lectura. Y claro, también recordé la lectura deRobinson Crusoe que hizo que me ganara mi primer sueldo literario (un borracho, en una peluquería, me dijo que me pagaba un sol si le contaba una historia, y le conté la del libro que acababa de leer). O la vez en que me doblaba de dolor de estómago y mis padres llamaron al doctor, pensando que era apendicitis, y mientras lo esperaba me puse a leer La casa de cartón y sus imágenes tan hermosas, esa sensación de la juventud frágil y florecida, hizo que olvidase el dolor y que cuando el doctor al fin llegase me encontrara hecho un ovillo en torno al libro, con un placer que era síntoma no de haber contraído apendicitis sino literatosis. Me acordé de aquellos años en que leía los libros en voz alta, gritando las palabras, sintiendo la música que evocan las frases. ¿Hace cuánto que no leo en voz alta? ¿Por qué he perdido ese placer tan intenso?Y me acordé de cómo un día, antes de terminar la secundaria, descolgué los póster de jugadores de fútbol que adornaban mi cuarto (recuerdo a Cruyff, a Zico, a Rummennige) y los cambié por póster de escritores. Algunos que había leído y veneraba, como Cortázar o Vargas Llosa; otros que había leído sin entenderlos, como Onetti; y otros que aún no había leído pero cuyos rostros me atraían seductoramente (como luego sus libros) como Nabokov.Todo eso recordé cuando mi hijo me hizo una simple pregunta sobre un libro que acababa de leer y no supe contestar. De eso y también de algo más: que yo me convertí en lector el día que descubrí que en los libros a veces hace frío y a veces calor. Y me hice después escritor solo para poder inventar un mundo donde a veces hace frío y a veces calor, y que un lector se diese cuenta de ese detalle. Pero lo más importante es que entendí que nada hace más daño a la literatura (ni los bestsellers, ni los libros electrónicos, ni los malos autores, ni la inocente vanidad literaria) que los lectores que no les interesa si hace frío o calor en los libros, y los autores a los que tampoco les importa hacernos saber si en sus textos hace calor, frío o un clima más bien templado, como hoy, perfecto para salir a pasear por el malecón con una bufanda ligera y quizá un abrigo para más tarde, si la noche me alcanza.

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¿ Hace frío o calor ?

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Ref:  http://blogs.elpais.com/vano-oficio/2013/06/friocalor.html

 Hace unas semanas, recogí a mi hijo de diez años de la casa de su madre y lo llevé a mi casa. Le pregunté si tenía tarea y me dijo que sí, que debía terminar de leer un libro. Iba por el tercer capítulo y quería jugar un poco de Playstation antes de seguir leyéndolo. El libro -que sucedía en Venecia y tenía como protagonista a un violinista que se negaba a tocar a Mozart- no lo había enganchado. Decidí leerlo para ver si podía ayudarlo. Lo leí en poco tiempo, una lectura ligera para alguien acostumbrado a leer diariamente varias horas. Fui donde mi hijo y le comenté que había terminado de leer el libro. No me creyó. Insistí. Entonces decidió hacerme una prueba.
– Cuando la periodista llega a Venecia ¿hacía frío o hacía calor?Entonces me acordé de la gelatina de naranja con leche que hacía mi madre cuando era un niño. Era mi favorita. Un día mi padre trajo una colección de libros a mi casa y yo cogí uno. Era una lectura poco estimulante para un niño, la Autobiografía humorística de Mark Twain, pero lo escogí porque su carátula era del color del postre que tanto me gustaba. Mi carrera como lector empezó gracias a una sinestesia. Me acordé también de mi padre, que nunca fue un gran lector pero sí un extraordinario coleccionista. Coleccionaba todo lo que estuviese numerado y tuve la suerte de que por aquellos años aparecieran varias colecciones de libros. Grandes Bestsellers, Ariel juvenil y Ariel Universal, Literatura Peruana, Obras Maestras, todas las coleccionó y mi casa se llenó de libros, mientras que en la casa de mis amigos apenas si había una enciclopedia o folletos biográficos sobre los héroes de la Guerra del Pacífico. Mi padre los coleccionaba y yo los leía.Pero no era el único que los leía. También mi abuela sacaba uno por uno, guiándose por la numeración. Prefería aquellos que no superaban las cien páginas y que tenían viñetas. Antes de irse a dormir sacaba uno del librero y a la mañana siguiente lo devolvía, y así sucesivamente. Sentí una envidia instantánea de mi abuela que podía leer un libro al día y empecé una silenciosa competencia con ella. Luego de esforzarme mucho pude, finalmente, leer un libro al día. Una biografía de Napoleón de menos de cincuenta páginas. Mi alegría fue indescriptible.(Luego mi abuela me confesaría que no leía esos libros, solo veía las viñetas, pero para entonces yo era un lector en pleno vuelo).Me acordé de unos libros escritos por un sacerdote llamado Francisco Finn, una saga de niños que compartían un mismo salón de clase. Cada novela tenía el título de uno de los niños, un protagonista que en las demás novelas reaparecía como personaje secundario. Decidí contribuir con la obra de Francisco Finn y en un cuaderno de 150 páginas, rayado, que forré de azul, escribí mi primera novela: Diego Swan (sin saber que luego admiraría a un personaje también apellidado Swann, escrito por un tal Proust).Recordé las horas que dediqué en mi infancia y adolescencia a leer. Cada uno de los libros que pasaron por mis ojos. Los que leí, los que releí, los que no pude terminar de leer. La edición condensada de El Quijote que llevaba en el bolsillo de mi saco cuando salía a montar skate. Cuando me metía en la tina con un libro y me demoraba en salir, enfriado y tiritando, por estar inmerso en el agua y la lectura. Y claro, también recordé la lectura deRobinson Crusoe que hizo que me ganara mi primer sueldo literario (un borracho, en una peluquería, me dijo que me pagaba un sol si le contaba una historia, y le conté la del libro que acababa de leer). O la vez en que me doblaba de dolor de estómago y mis padres llamaron al doctor, pensando que era apendicitis, y mientras lo esperaba me puse a leer La casa de cartón y sus imágenes tan hermosas, esa sensación de la juventud frágil y florecida, hizo que olvidase el dolor y que cuando el doctor al fin llegase me encontrara hecho un ovillo en torno al libro, con un placer que era síntoma no de haber contraído apendicitis sino literatosis. Me acordé de aquellos años en que leía los libros en voz alta, gritando las palabras, sintiendo la música que evocan las frases. ¿Hace cuánto que no leo en voz alta? ¿Por qué he perdido ese placer tan intenso?Y me acordé de cómo un día, antes de terminar la secundaria, descolgué los póster de jugadores de fútbol que adornaban mi cuarto (recuerdo a Cruyff, a Zico, a Rummennige) y los cambié por póster de escritores. Algunos que había leído y veneraba, como Cortázar o Vargas Llosa; otros que había leído sin entenderlos, como Onetti; y otros que aún no había leído pero cuyos rostros me atraían seductoramente (como luego sus libros) como Nabokov.Todo eso recordé cuando mi hijo me hizo una simple pregunta sobre un libro que acababa de leer y no supe contestar. De eso y también de algo más: que yo me convertí en lector el día que descubrí que en los libros a veces hace frío y a veces calor. Y me hice después escritor solo para poder inventar un mundo donde a veces hace frío y a veces calor, y que un lector se diese cuenta de ese detalle. Pero lo más importante es que entendí que nada hace más daño a la literatura (ni los bestsellers, ni los libros electrónicos, ni los malos autores, ni la inocente vanidad literaria) que los lectores que no les interesa si hace frío o calor en los libros, y los autores a los que tampoco les importa hacernos saber si en sus textos hace calor, frío o un clima más bien templado, como hoy, perfecto para salir a pasear por el malecón con una bufanda ligera y quizá un abrigo para más tarde, si la noche me alcanza.

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CorpoEventos: Verdí 2013

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Alrededor del mundo se ha celebrado el 200 aniversario del nacimiento de Giuseppe Verdi, así como su obra y paso por la historia de la música. Y Guatemala no ha sido la excepción. Por ello, el Coro Nacional se presentará en concierto, bajo la dirección del italiano Massimo Pezzutti, en el que se interpretarán piezas de Aída, Nabucco e Il trovatore. Como solista participará la soprano Alejandra Flores. “Verdi fue quien empezó realmente a ahondar en la descripción psicológica de los personajes, cumpliendo una transformación esencial de una ópera que de alguna forma se parecía más a una exhibición circense que a una forma muy moderna de investigación dramatúrgica y psicológica”, comenta Pezzutti. El concierto es hoy, a las 19:00 horas. En el Club Italiano (2a. avenida 9-59, zona 10). Entrada libre.

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Evento futurista -Venderán cigarros electrónicos-

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Los cigarrillos electrónicos son dispositivos que funcionan con una batería que calienta una solución líquida de nicotina, creando vapor que los usuarios inhalan. Los devotos dicen que los cigarrillos electrónicos abordan tanto los aspectos adictivos como los conductuales del hábito de fumar.

 Los fumadores obtienen su nicotina sin las más de 4,000 sustancias químicas encontradas en los cigarrillos regulares. Y sostienen algo con forma de cigarrillo, además de inhalar y exhalar algo que parece humo. Más de 45 millones de estadounidenses fuman cigarrillos, y aproximadamente la mitad de los fumadores intentan dejar de fumar cada año, de acuerdo con los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades. MarkTen es un cigarrillo electrónico desechable, pero puede ser reutilizado comprando un kit de recarga de la batería y cartuchos adicionales de tabaco tradicional y sabor mentol. La compañía dijo que la tecnología "Four Draw" del cigarrillo electrónico está diseñada para dar a los usuarios una "experiencia más consistente" y similar a la sensación de dar una calada al cigarrillo tradicional. Se espera que el cigarrillo electrónico, fabricado en China por un contratista, salga a la venta por alrededor de 9,50 dólares. La empresa no proporcionó los precios de los cartuchos adicionales ni del kit de recarga. El líquido de los cartuchos será fabricado en Estados Unidos. La semana pasada, Reynolds American Inc., propietario de la segunda tabacalera más grande de la nación, anunció que lanzará una versión renovada de su cigarrillo electrónico Vuse en Colorado en julio, con la intención de lanzarlo a nivel nacional. Lorillard Inc., la tercera tabacalera más grande del país, compró el fabricante de cigarrillos electrónicos Blu Ecigs en abril de 2012, y se ha expandido a más de 80.000 puntos de venta. El mercado de cigarrillos electrónicos, que incluye más de 250 marcas, ha pasado de los miles de usuarios en 2006 a varios millones en todo el mundo. Los analistas calculan que este año las ventas podrían duplicarse a 1.000 millones de dólares. Algunos incluso han llegado a decir que el consumo de cigarrillos electrónicos podría superar el consumo de cigarrillos tradicionales en la próxima década.

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